Llegada.
En una cabaña, Jack sudaba, se agitaba en sueños. De pronto, se despertó, asustado, mirando a su alrededor, repitiéndose en cabeza, “Solo es un sueño”.
Se levanto de la cama se vistió con aquellas singulares ropas. Una camiseta echa de una tela extraña, verde, y unos pantalones “tejanos” azules, bastante anchos, cómodos para moverse. Colgado de su cuello un collar con una serpiente mordiéndose la cola y un sencillo anillo de plata en su mano.
En la esquina, una espada con una empuñadura, con garra de dragón al final, y una hoja con una extraña inscripción. A su lado, un escudo con un extraño dibujo, de un dragón y una serpiente, entrelazados. Agarro el escudo con la mano izquierda y guardo la espada en su cinto. Salió.
Fuera hacia un sol increíble, “Que día mas precioso” pensó el, olvidándose ya de el sueño que había tenido esa noche, como otras tantas noches.
- Un Fitter! – Grito de repente abalanzándose con la espada desenvainada hacia una criatura, similar a un oso, pero más pequeño y mucho menos peludo.
Fue una pelea rápida, el Fitter le intento alcanzar con sus garras, que Jack esquivo con una habilidad impresionante, poco después clavo su espada en el pecho de el Fitter. Se oyó algo en sus espaldas. Se giro con la espada alzada, pero era tarde, otro Fitter se disponía a arañarle con sus feroces garras. Cerró los ojos instintivamente. No paso nada. Asustado, abrió los ojos y vio a la feroz criatura, convertida ahora en una estatua de hielo. Pronto lo comprendió, no se giro, cerró los ojos y dijo:
- Muchas gracias Sofía. ¿Ahora como se come esto?
- No seas desagradecido que te he salvado la vida. – Contesto una dulce voz femenina. -Si no llega a ser por mi, estarías muerto.
- Jaja, tenía la situación bajo control. – Jack se giro y miro a la muchacha elfa. – Donde esta Zyarron?
Una joven de piel azulada, ojos grandes y negros, con un pelo rubio casi canoso, largo, vestida de una túnica blanca, que daba mucho a la imaginación. Era una elfa.
- Ha ido a cazar un par de Harriels. – Dijo ella, mientras Jack recordaba lo mucho que le gustaba a Zyarron, cazar esas aves echas de algo parecido a metal. – Dime… Jack, has tenido de nuevo ese sueño, ¿verdad?
El aparto la mirada, nervioso, sabia que los Elfos podían leer los sentimientos de las personas, pero, ¿como leer los de Jack, si no los conocía ni el? Miro a la muchacha elfica.
- Si – Dijo serio. – Lo he vuelto a tener…La muchacha en la colina, con el collar y el anillo, los reales…Mirándonos los dos, transmitiéndonos sentimientos…Que jamás había tenido.
Sofía sonrió. Iba a abrir la boca pero de repente, una voz grabe les saludo. Ambos se giraron para mirarle. Era Zyarron, un gigante, barbudo, con el pelo marrón oscuro, igual que sus ojos, que llevaba sobre sus grandes hombros a una docena de Harriels. Sonrieron los 3. Y comenzaron a hablar. Se sentaron en un lugar, cercano al descampado de la casa de Jack, donde se solían reunir los 3 para comer. Esos 3 amigos que se conocían de hace tanto tiempo. Zyarron, el gigante, mago del elemento Fuego, y Sofía, la elfa, maga de los diversos estados del agua. Jack, era un simple caballero, lo que a veces le hacia sentirse excluido, pero recordaba que eran amigos desde siempre, es mas, de los únicos cinco magos, de todo el mundo, dos de ellos, Sofía y Zyarron, eran sus mejores amigos, lo que le hacia sentirse, muy, muy afortunado.
Gisela corría sin pensar por donde, escuchando su mp3. Pronto vio que pasaba de nuevo por la calle de su sueño. Frunció el ceño, pero no paro, siguió corriendo, esta vez, sin detenerse. Una lagrima de pronto cayo de su ojo izquierdo. Extrañada, se la seco. Siguió corriendo, siguiendo la ruta de ayer, hasta la cueva, donde, de nuevo en aquella roca, paro a descansar. Se sentó en la roca, y sin querer, fue cerrando los ojos, hasta dormirse. Y por primera vez en mucho tiempo, no soñó con aquel muchacho, ni con la ciudad en llamas, vio simplemente un fondo oscuro, con el anillo y el colgante, flotando en suspensión en el aire. Se despertó. “Que… ¿Que significa esto?” Un poco asustada salio de la cueva para dirigirse para su casa. Otra vez aquella sensación, que le obligo a subir la marcha. Llego a casa, cansada.
- Mama, me iré a duchar antes de comer.
- De acuerdo hija…
- … ¿Mama? ¿Te pasa algo? – Dijo preocupada, no era normal ver así a su madre. Una persona tan alegre como ella.
- No hija no… Solo que… hoy no vuelvas muy tarde.
- ¿Hoy? Pues… No se si saldré ahora que lo dices.
Su madre empezó a poner la mesa, sin contestar. “¿Que le pasa?” Quería preguntárselo pero sabía que ella no contestaría. Se fue a la ducha.
- Lance… ¿está ya preparado?
- Si mi señor…
- Lance…Ella podrá detener al Barroc.
- ¡Pero señor…! – Dijo alterado. – ¡He usado toda mi magia hasta agotarme para crear esa criatura, además, usted ha añadido una parte!
- No la subestimes…Veremos que pasa. Puedes retirarte, vete con el Barroc, pronto va a llegar.
- Por favor… No llegues tarde.
- No te preocupes… - Contestó Gisela con un tono de preocupación.
Su madre le dedico una media sonrisa que preocupo a Gisela.
Ella iba ahora andando hacia la cueva, preguntándose, para que, que esperaba encontrar allí. No encontró respuesta, pero eso no la detuvo.
De nuevo paso por aquella calle, que de nuevo, le izo caer una lagrima, sin saber porque.
Llego al fin a la cueva. Entro. Todo estaba en silencio. Todo estaba oscuro. Y aquella piedra en medio. Empezó a investigar, sin saber bien que buscaba. Miro su reloj, que marcaban las seis y media de la tarde. “Llevo media hora aquí, buscando nada…esto es de tontos.” pensó. Y se sentó en la piedra. Cansada, empezó a cerrar los ojos. Se durmió. Su colgante empezó a emitir un brillo extraño, junto a su anillo.
Poco a poco abrió sus ojos. El sol bañaba su rostro. Sus ojos brillaban ahora más que nunca. Se levanto, y asombrada, miro el paisaje que tenia delante, esta sobre una piedra, en un descampado, las plantas eran muy diferentes a las que ella conocía, tras de si, de alzaba un bosque con unos extraños arboles, mezcla entre pino y palmera. Agito bruscamente la cabeza. “¿Donde estoy…?”. Bajo de la piedra para investigar. Andaba sola, por aquella gran llanura, todo era diferente, plantas, arboles, animales. Pero lo que no podía entender, donde estaba, como había ido a parar allí, si hacia apenas unos minutos estaba en la cueva. “¿Unos minutos…?” pensó. Miro su reloj. Las seis menos veinticinco. Solo cinco minutos. Una explosión de preguntas pasaron por su cabeza. No le dio tiempo a responderlas. Asustada vio a una especie de oso mas pequeño, con menos pelo, pero igual de feroz, estaba destripando a lo que posiblemente era una presa suya. No pudo evitar gritar, y el “oso” se dio cuenta.
Todo fue muy rápido, el monstruo la perseguía mientras ella gritaba que quería volver a casa, huyendo de el, los rugidos del monstruo se oían cada vez mas cerca. De pronto, todo se quedo en silencio.
Gisela se giro, asustada, y vio a aquella bestia en llamas, retorciéndose de dolor. Ella puso una inmensa cara de pánico. Una voz aguda hablo detrás de ella:
- Tienes que tener cuidado con los Fitter.
Ella se giro, y vio a un inmenso hombre, con un bastón en la mano. Ella se asusto y grito:
- ¿¡Qu…Quien eres tu!? ¿¡Que eres tu!?
- ¿Que soy yo? – Dijo desconcertado. – Soy un gigante, Zyarron, el gigante, mago del elemento fuego. Tu no eres de por aquí, ¿verdad?
- ¿Gigante…? ¿Mago…? Yo… yo… No estoy segura.
- Ah! Claro, serás de Edulc, que idiota soy.
- E…Edulc? Yo…Soy de un pueblo, a las afueras de Barcelona…
- Bar… ¿Barcelona? – El gigante estaba muy confuso. De repente, sus ojos se abrieron bestialmente como puertas abiertas por un gran golpe. – Eres…de la Tierra…
No era una pregunta, si no una afirmación que pronunciaba con voz temblorosa. Ella simplemente se limito a observar y a asentir con la cabeza, entre asustada y confusa. Zyarron se estremeció, se giro y vio a Lance a lo lejos. Miro seriamente a Gisela y dijo:
- ¿Sabes volver a
- A… ¿acaso no estoy en la Tierra?
- Muchacha no hay tiempo, ¿sabes como has venido no?
Ella entre nerviosa, asustada y confusa afirmo.
- Bien. – Dijo el gigante. – Vuelve mañana, sin falta, yo y una amiga estaremos esperándote, tenemos que explicarte muchas cosas.
- Pe… ¿Pero como vuelvo a casa?!
- Pues… - El gigante estaba desconcertado, y veía, que Lance se aproximaba. – Deséalo con todas tus fuerzas, usa la magia que hay en ti.
- ¿La…magia?
- ¡Hazlo!
El gigante estaba nervioso, alzo las manos y empezó a crear una especie de bola de fuego aquel ser que se aproximaba desde lejos hacia ellos también había alzado las manos elevando la tierra de su alrededor y creando grandes y puntiagudas estalactitas que sin duda, iba a lanzar contra ella y el gigante. Gisela cerró los ojos. “Quiero volver a casa, quiero volver a casa” se repetía una y otra vez. No pasaba nada. “¡Quiero volver a la tierra!” grito en su interior. El colgante y el anillo empezaron a brillar.
Una luz inmensa la inundo, obligándola a cerrar los ojos, al abrirlos, estaba de nuevo en la cueva, sobre aquella piedra. “Ha… ¿ha sido todo un sueño?... Si, me he quedado dormida pensó, eso es todo” pensó, obligándose a olvidar. Se fue para casa, ya era de noche. Miro el reloj. “¡Las diez y media! ¡Mama me va a matar!”. Corriendo llego a casa.
- ¡Mama! Siento llegar tan tarde pero…
- No pasa nada hija… - Dijo ella entre lagrimas, al verlo, a Gisela le encogió el corazón.- Estaba preocupada…
Gisela se acerco con los ojos empapados al haber visto a su madre así para abrazarla con fuerza.
- Lo siento mama… - Susurró en su oído.
Su madre, simplemente, le acaricio el pelo.
Gisela se fue a dormir, entendió que su madre estuviera preocupada, pero noto algo extraño. Decidió no pensar más en eso. Se tumbo en la cama, preguntándose si de nuevo tendría ese sueño. Así fue.
A la mañana siguiente, ya lunes, se despertó con ánimos para ir al colegio, siguiendo la rutina de cada mañana, encontrándose con Sonia y Clara. Pero ese día, en clase, Gisela tenía la mente en otra parte. “Ven mañana por la tarde sin falta…” Le dijo el gigante. “Solo fue un sueño, esto es una locura, no puedo ir…” Se repetía a si misma. Pero ese pensamiento no le dejo prestar atención en las clases, le tenía invadida. Al terminar las clases fue a su casa, todavía inundada por aquel pensamiento. Se tumbo en la cama. Estaba irritada, con una expresión en su rostro que delataba que sin duda estaba en algún dilema muy grande, pensaba que estaba loca. Agarro el collar y el anillo, se los coloco de nuevo, sin saber aun porque. Fue a la cocina para escribir una nota a su madre que decía:
Mama…he tenido que irme, no creo que tarde como ayer, pero si es así, ¿no te preocupes vale? Volveré. Te quiero.
Cogió la chaqueta, abrió la puerta, sin percatarse de que alguien la miraba escondida desde el interior de su casa.
Gisela se alejaba de casa, y en todo el camino, solamente hablo al pasar por delante de aquel portal.
- Debo estar loca. – Murmuro solamente.
Aun así, no se detuvo, siguió caminando hasta llegar a la cueva. La miro de nuevo, con desconfianza, la investigo por encima, con la roca en el medio. “¿Sabes como has venido no?” le dijo el gigante, pero ella no estaba muy segura, solo recordaba haberse sentado en la piedra y… Se sentó en la piedra, temblando. De nuevo aquella fuerza misteriosa le obligaba a cerrar los ojos, poco a poco, hasta dormirse. El collar y el anillo, de nuevo emitieron aquel misterioso brillo.
Abrió los ojos, lentamente, de nuevo, estaba sobre esa piedra, frente a un descampado, sola. Se preguntaba que hacer ahora. Siguió caminando y a lo lejos pudo ver a una persona. Se alegro tanto, fue corriendo hacia ella, esperando encontrar respuestas. Se acerco pero pronto vio, que aquello que creía que era una persona era una criatura extraña, con una piel azulada y ojos negros que hacían pensar a Gisela que eran todo pupila. La muchacha tuvo miedo por un momento, y es que, aunque la criatura no le inspirase para nada desconfianza, ella jamás había visto, ni imaginado una criatura así. La criatura se giro y la miro.
- Tu debes ser la criatura de la tierra. – Dijo aquella criatura con una bella voz dulce.- Soy Sofía, la elfa. Soy amiga de Zyarron, el debía pasar a buscarte hoy conmigo pero…ha resultado un poco dañado, así que me dijo que viniera yo sola y te llevara hasta el.
Gisela tenía miedo. “Una elfa? Eso había dicho…pero…” en sus interiores Gisela se preguntaba una y otra vez, donde estaba, como había llegado hasta ahí y por que. Sofía, que como todos los elfos, podía leer los pensamientos y los sentimientos de las personas contesto.
- Si una elfa. En la tierra solo hay humanos como raza inteligente, ¿me equivoco? - Gisela asintió, asustada porque aquella elfa había sabido lo que pensaba. – Estas en Mascariá. Yo y Zyarron contestaremos a todas tus preguntas. Si eres tan amable de acompañarme…
Sofía comenzó a caminar y Gisela, no tenía opción. La siguió. Siguieron caminando, ninguna de las dos hablo, Gisela, por miedo, Sofía era una chica misteriosa y aparentemente seria. Llegaron a una casa echa de piedra que recordaba a Gisela a unas vacaciones que izo con su madre en un pueblo de un monte, donde la mayoría de casas, abandonadas, eran así. Sofía abrió la puerta y entro, Gisela la siguió. Cuando Gisela entro Sofía cerro las puertas a sus espaldas, ante ella, se encontraba en una gran silla a aquel gigante. Zyarron, el gigante, mago del elemento fuego, frente a una chimenea de fuego, con un brazo envenado, posiblemente por la batalla que tubo el día anterior, posiblemente, por salvarla, cosa que ella, no entendía. El gigante la miro, mientras Sofía tomaba asiento.
- Muchacha…supongo que estarás cansada después el largo camino, por favor, toma asiento. – Dijo el gigante, Gisela se sentó, en aquel extraño lugar solo le conocía a el y aunque no había ninguna confianza, el era el único que podía responder a todas aquellas preguntas que rondaban su cabeza. – ¿Como te llamas muchacha?
- …Gi…Gisela… - Contesto con la voz temblando agarrando un baso de te que le ofrecía el gigante.
- Gisela…es un nombre precioso…te lo puso tu padre. ¿Verdad?
Gisela estaba ahora mas desconcertada que nunca y no pudo evitar que el baso se le cayera. No se levanto a recogerlo. Ella estaba cada vez más nerviosa, y estaba pensando en cerrar los ojos, y desear volver a casa, despertar de aquella pesadilla. Una lagrima resbalo por su rostro empañando aquellos bellos ojos dolorida por haber recordado a su fallecido padre.
- ¿Donde estoy…? – Dijo finalmente, demostrando con su voz lo asustada que estaba. – Todo aquí… me resulta familiar…es… ¿todo esto es un sueño?
- Un sueño…no hija no… Dime Gisela, nunca has tenido preguntas sobre ti, ¿miedo a no entenderte? ¿A no encajar con los demás? – Dijo el gigante, clavando sus ojos serenos sobre los suyos, en cierto modo, intimidándola.
- Pues… supongo que como todo adolescente… - Contesto ella, mas tranquila pero todavía nerviosa.
- Como todo adolescente. – Dijo riendo el gigante. – Veras, muchacha, para conocer tu historia, primero deberías conocer tu pasado.
- ¿Quien soy…? – Dijo asustada.
- Eres Gisela. – Dijo solamente el gigante.
- ¡Eso no me ayuda!
- Oh… si, eso, responde a todas tus preguntas. – El gigante la miro serio. – Primero deberías conocer la historia de la esencia mágica.
- ¿Esencia mágica?
- En el mundo solo hay cuatro magos ahora mismo. Pronto habrá cinco. La esencia mágica, solo se puede transmitir, pero no crear. – Gisela estaba confusa, pero sin decir nada, quería oír de veras la historia que le estaba contando el gigante. – Cuando un mago muere, su alma y su esencia mágica se elevan. El alma de este, busca a alguien, mejor dicho, elije a alguien, en quien depositar su esencia mágica. El alma del mago muerto puede ver el aura de aquella persona. Para que lo entiendas. Si yo muero, mi alma podría mirar el aura de mi hijo, por ejemplo, y ver si es bondadosa, o malvada, y transmitirle la esencia mágica.
A Gisela le fascino la historia, abrió la boca para preguntar si algún mago cometería el error de transmitirle la esencia mágica a alguien malvado y a que se refería con lo del quinto mago si había dicho que no se podía crear. No pudo preguntarlo, la dulce pero seria voz de Sofía aparecía desde la oscuridad.
- Hace mas o menos cien años había cinco magos, Gisela, la humana, maga de la luz, Wyn el elfo, mago de los múltiples estados del agua, Zyr, el gigante, mago del fuego, Rean, el humano, mago de el elemento Tierra, y Eon… el humano…mago de la oscuridad. Los cinco vivían en armonía, usando sus poderes, cada uno, para el bien de Mascariá y
- Como… ¿han llegado hasta mi? – Dijo Gisela mirándose la mano, fijándose en el anillo y en el collar. – Y en la historia… ¿que paso con los cuatro magos? ¿Porque ahora solo hay cuatro? ¿Se puede destruir la esencia mágica?
- No, no se puede. El collar y el anillo… jaja destino. – Rio el gigante.
Sofía seguía seria, y continuo hablando desde las sombras:
- Al morir, Wyn le dejo su esencia mágica a el sacerdote del templo del agua, y se ha ido traspasando de generación en generación, hasta llegar a mi, que actualmente he dejado el templo porque tenia que encontrarme con Zyarron. Zyr, dejo su esencia mágica a su hijo, Zyrron, y así ha ido siendo hasta llegar a Zyarron. Rean en cambio, dejo su esencia mágica a los brills, a una brill en concreto, ya que, quien cuidaría y sacaría mejor uso de la magia de la tierra que los brills, unos seres inocentes, incapaces de luchar, que tienen tanto afecto a la tierra, a los árboles y a la vegetación en general. Al menos antiguamente… - la voz de Sofía sonó arrogante ahora.
- ¿Antiguamente? ¿Ahora… no es así? – Pregunto confusa Gisela.
- No, no es así, un brill, el heredero de la magia de la tierra se ha aliado con el mago de la oscuridad. Estamos en tiempos de guerra, y el mago de la oscuridad nos lleva mucha ventaja. Es por eso que Sofía ha tenido que dejar el templo para venir hacia aquí. – El gigante entonaba triste y cansado.
A Gisela le costaba asimilar toda esa información, el mago de la oscuridad y el mago de la tierra, unidos. Y en Mascariá, ese extraño mundo que parecía tan irreal, se vivían ahora tiempos de guerra. Una duda no dejaba de volar por la cabeza de Gisela, se mostraba tímida, pero estaba confusa y era normal necesitar respuestas. Miro hacia las sombras, intentando ver los ojos de Sofía y pregunto:
- Y… que fue de la esencia mágica de Gisela?
- La esencia mágica de Gisela… - La elfa se entristeció. – Antes de crear la barrera mando a su hija a
A Gisela le costo muchísimo asimilar todas esas palabras. “¿Yo? ¿La… maga de la luz? Todo esto tiene que ser una broma, todo esto tiene que ser un sueño. Nada de esto tiene lógica.” Sofía leyó esos pensamientos en su cabeza y dijo con un cierto tono amistoso:
- Vete a casa, piénsalo, y vuelve mañana.
No volvería a pisar ese lugar, todo había sido un sueño, real y extraño, pero un sueño al fin y al cabo.
- Adiós, Gisela. – Se despidió la elfa.
- Hasta mañana muchacha. – Dijo el gigante, con cierto tono de preocupación.
Gisela no dijo nada. “Quiero irme a casa…” Pero no sucedía nada. Irritada grito en sus interiores “¡Maldita sea quiero ir a la tierra!” De nuevo aquella luz cegadora le obligo a cerrar los ojos. Había desaparecido de la casa.
- ¿Crees que ha sido prudente dejarla ir? Es posible que no vuelva, debe estar asustada Sofía. – El gigante dijo estas palabras con un tono de miedo impropio de el.
- Tranquilo. Volverá. – Contesto simplemente con una idea muy clara en su cabeza.
Al llegar a casa fue a saludar a su madre. La vio, sentada en la mesa de la cocina, seria mirándola fijamente. Esperándola.
- Gisela, siéntate por favor.
Ella se sentó, extrañada, era difícil ver a una persona como su madre tan seria, pero sin duda alguna, ese día, estaba seria. Gisela se sentó y dijo con voz culpable:
- Mama se que llego tarde y lo siento pero…
- Has estado en Mascariá… ¿no?
La niña tembló. ¿Como era posible que su madre lo supiese? No era posible que ese mundo existiese, no era posible que ella, una niña normal de catorce años fuese en realidad la descendiente de una maga de luz y ella ahora fuese eso también, una maga de luz que necesitaba ayudar en una guerra de otro mundo, posiblemente, su mundo.
- Si, he estado… ¿como…?
- Tu padre me lo dijo.
- ¿Papa…?
A Gisela se le empañaron los ojos, lagrimas caían de ellos como si de gotas de lluvia, bailando por su rostro se tratasen. A su madre se le empañaron también, pero continúo hablando:
- Me contó toda la historia sobre Mascariá, sobre la antigua Gisela, de la cual sacamos tu nombre, sobre la magia, sobre el poder de luz que corría por sus venas y que te transmitió tras su muerte, porque sabia que tu eras la elegida para detener a el mago de la oscuridad.
- Todo esto es una locura… Mama, hablas de otro mundo, ¿no te das cuenta? ¡No es posible!
Gisela se sentía angustiada. Su madre se levanto y la abrazo, pero continúo hablando:
- Esto es real, por mucho que cueste de creer. Tu decides que quieres hacer hija. Puedes continuar una vida normal pero… hay gente en guerra que puede morir dentro de poco, y tu eres su única luz. Tienes toda la noche para pensártelo.
- Gracias por todo mama…
Gisela abrazada a su madre con su cara envuelta de lágrimas, y su madre, consolándola, comprendiendo la gran presión que caía ahora en ella, acariciando su suave pelo.
- Lo se Lance… No le atacaste, espero.
- No señor no llegue a tiempo pero… mañana…
- No. – Le dedico una mirada de aquellos fríos ojos azules brillantes como si fueran Zafiros. – Déjala. Necesitamos que aprenda a usar sus poderes, o no nos servirá de nada. Prepara al Barroc, hazlo mas poderoso. Ataca dentro de una semana.
- Si señor…
- Y Lance… voy a apoderarme de la inocencia de los brills para esta guerra.
- ¡Pero señor! ¡Son criaturas inofensivas que jamás han pisado el campo de batalla! ¡No están en esta guerra!
- Tu eras una de esas criaturas Lance… - Le interrumpió. – ¿O acaso pretendes interponerte?
- …No señor.
- Gisela tienes que ir al colegio.
Gisela se despertó, miro a su madre a los ojos, donde de nuevo encontró la simpatía y la alegría que la caracterizaba. Pero ella la miro seria.
- No mama, hoy no voy al colegio. – Le dijo a su madre, lo cual le dejo perpleja. – Hoy… necesito pasar un día entero en Mascariá.
Su madre lo entendió sin necesidad de ninguna explicación. Sonrió y le dijo:
- No te creas que ahora por ser una maga de la luz vas a poder librarte del colegio todos los días eh!
Ambas empezaron a reír. Puesto al día que hacia y a que su madre conocía su “secreto” esta se ofreció a llevarla en su coche hacia la cueva y así que su hija le explicara como era aquel maravilloso mundo. Por el camino Gisela le pregunto a su madre porque no le había contado la historia de Mascariá, de la magia y de la antigua maga Gisela antes, a lo que ella había contestado que sabía que se enteraría mas tarde.
Llegaron a la entrada de la cueva. Gisela se bajo del coche y se despidió de su madre. Se pregunto entonces, que tiempo haría en Mascariá. Aun le costaba asimilar todos aquellos acontecimientos, como por ejemplo el existir de Mascariá ya era difícil de asimilar. De pronto pensó si aquel chico, el de su sueño tendría algo que ver con su esencia mágica. Agito la cabeza, alejando esos pensamientos de su cabeza y se adentro en la cueva. Sabía perfectamente lo que debía hacer. Se sentó sobre la piedra, y aunque seguía sin comprender porque, una extraña fuerza le obligaba a cerrar los ojos y a sumirse en un profundo sueño.
Abrió los ojos, y sin duda alguna allí estaba de nuevo, en Mascariá. El tiempo allí era bastante similar, una lluvia intensa y unas nubes que teñían el cielo de un color gris oscuro. De nuevo sola, pero recordaba el camino para llegar a casa de Zyarron, donde posiblemente se encontraría con Sofía. Sofía… aquella elfa que desde buen comienzo se había mostrado irritadamente amable, al contrario que con Zyarron, que bajo aquel aspecto feroz parecía un ser que podría congeniar bien con ella, Sofía parecía una repelente. Pero solo ellos podrían responder a sus preguntas. Siguió el camino que camino junto a Sofía. La lluvia chocaba contra Gisela, deslizando por su suave piel, empapándola, el frio que calaba en sus huesos como si una espada de hielo se clavase en ella. A lo lejos vio la casa del gigante. Ya se acercaba hacia la casa cuando vio que alguien salía de ella corriendo. Gisela se aproximo y pico a la puerta de la casa del gigante, la cual se abrió, lentamente. Pasó y cerró la puerta. Allí estaba aquel majestuoso gigante, delante del fuego, esperando a la muchaha, maga de la luz que ahora se encontraba allí. Gisela miro a ambos lados, pero allí no estaba Sofía, y pensaba que quizá aquella persona que había salido de la cabaña era la elfa. El gigante le dedico una amistosa mirada.
- Buenos días muchacha, no te esperaba aquí tan pronto.
Ella sonrió. Se acerco a el y se sentó tal y como le indicaba el gigante con un gesto con la mano.
- Buenos días Zyarron – Dijo sonriendo.- Así que has decidido que Sofía y yo te enseñemos a usar tu magia, ¿no?
- Si…Quiero saber quien soy.
- Bien. – El gigante sonrió y señalo a una estantería llena de libros y un montón de hojas que sobresalían. – Cójelas.
Ella izo caso, se acerco y agarro el montón de hojas, comenzó a leer por encima. Las razas de Mascariá, la historia de la magia, la historia de Gisela, incluso un mapa de Mascariá. Todo estaba allí.
- Perdóname que no pueda levantarme, pero tras la batalla contra Lance…
- ¿Lance…?
- Primero tienes que informarte sobre tu pasado. Hoy hace un mal día, podemos quedarnos aquí y leer, si tienes alguna duda…
Ella asintió. Comenzó a leer, intrigada porque encontraría en aquellos papeles. La historia de la magia y la historia de Gisela, no era nada diferente a la que le conto Sofía, aun así, quiso dejarse llevar por las palabras que aquellos escritos contenían. Zyarron observaba con interés la expresión de fascinación de la muchacha al leer todas aquellas historias. Pasando páginas iba encontrando sabiduría en aquellas hojas. Leyó una página sobre las razas del mundo, Mascariá y
Humanos, grandes combatientes, les predominaba su agilidad, fuertes, inteligentes.
Gigantes, caracterizados por ser fuertes y robustos, humanos de gran tamaño, un poco menos inteligentes y menos agiles, mucho más fuertes.
Elfos, sin una gran fuerza, ni una gran agilidad, con cuerpos frágiles, caracterizados por su gran inteligencia, físico similar al humano con una piel azulada y ojos grandes y completamente negros, con poderes capaces de leer la mente y los sentimientos.
Brills, criaturas dóciles que amaban la naturaleza por encima de todo y temen a las guerras, de piel escamosa como la de una serpiente con aspecto humano, los machos llevan una corona de hojas en su cabeza.
“Las cuatro especies…” pensó Gisela, pero una duda vino de repente a su cabeza.
- Oye Zyarron… los brills… son criaturas que odian las guerras, pero aquel que te ataco, mi primer día en Mascariá…
- Es Lance, el mago de tierra, aliado con Cosm, el señor de la magia oscura, el creador de esta maldita guerra… - Respondió el gigante con voz amarga. – Si bien es cierto que nunca se ha visto a un brill luchando, Lance lucho de una manera soberbia el otro día. Subestime el poder de la magia oscura.
- No lo entiendo Zyarron… ¿Por que querría un brill aliarse con Cosm?
- No quiere. El le ha hecho algo… la única razón que encuentro es que quizá le amenazara respecto a los arboles o algo así, que es lo que ellos mas aprecian.
La chica comprendió y siguió leyendo, la siguiente pagina era sobre criaturas no inteligentes de Mascariá, como lo serian los perros, los tigres etc… en
Narn, el continente mas grande, con cuatro ciudades principales:
Narstor, la ciudad de los elfos, junto con el templo de agua, Zertor, ciudad de gigantes, en el centro de un volcán inactivo estaba el majestuoso templo del fuego, el Bosque de Frane, ciudad de brills, donde en las copas de sus árboles se situaba el templo de la tierra, y Elduc, ciudad de los humanos, donde se encontraba el templo de la luz.
Friz, que contenía el puerto de Kal-Zis y la ciudad de Kal-Zis, ciudad de mercaderes.
Rimage, el continente abandonado por contener en su interior el templo de la oscuridad.
Gisela seguía leyendo, aprendiendo mas y mas sobre ese mundo, no tardo mucho en terminar y mirar a Zyarron con una sonrisa y los ojos brillando intensamente de la emoción.
- Y bien Gisela, ¿que te parece este mundo? – Pregunto el gigante devolviéndole la sonrisa.
- Tiene historias increíbles, criaturas extraordinarias, en la tierra, el único ser inteligente es el humano. Pero… Zyarron, ¿te puedo preguntar algo?
- Por supuesto.
- Tu eres de Zertor, ¿verdad? – Pregunto, el gigante asintió con la cabeza y ella siguió hablando. – ¿Entonces en Zertor solo hay gigantes?
El gigante rio, era normal que pensara así, pero el lo negó:
- No muchacha no, es la tierra de procedencia de los gigantes, pero viven todo tipo de criaturas, igual que en las otras ciudades.
- Entiendo… - Calló pensativa y miro a Zyarron dedicándole una medio sonrisa. – Zyarron… estoy impaciente por que me enseñes a usar mis poderes.
El asintió, también tenía ganas de ver a la muchacha en acción, pero después de aquella batalla contra Lance le costaría, y ella lo sabía. Por eso no insistió y cambio de tema.
- ¿En que punto nos encontramos del mapa?
- En las afueras del Bosque de Frane, los brills nos tienen preocupados últimamente, tememos que Cosm ataque por aquí…
Gisela capto el tono de preocupación de su voz a si que probo de nuevo cambiando de tema:
- ¿Oye y Sofía donde ha ido? Que desconsiderado dejarte solo en tu estado.
- Si tienes razón. – Dijo riendo. – Pero no es eso, ha ido a por un amigo que debería haber vuelto hace ya seis horas. Conociéndole, se habrá dormido, pero este muchacho es impredecible. Ya te lo presentaremos seguro que os caéis bien.
- ¿A si?
- Si…tu eres una chica misteriosa, alegre igual que el.
Gisela había leído que los gigantes no eran muy inteligentes, pero sin duda Zyarron lo era, y es que sin conocerse apenas había nacido entre ellos un lazo amistoso, difícil de romper.
- Gisela, es tarde, ven mañana y podre enseñarte a usar magia, poco a poco claro.
Ella asintió sonriendo, ya era tarde y le gustaría ver a su madre para contarle todo lo que le había sucedido ese día, explicarle todo lo que había aprendido. Cerro los ojos y pensó “Quiero volver a casa… por eso no funciono, porque Mascariá, es como mi casa” se concentro con todas sus fuerzas y grito en sus interiores “Quiero volver a la tierra”. De nuevo aquella luz cegadora, pero antes de desaparecer pudo decir:
- Hasta mañana, Zyarron.
- Hasta mañana pequeña. – Contesto sonriendo.
La chica había desaparecido. La puerta de casa de Zyarron se abrió. Jack y Sofía entraron por ella.
- ¡El condenado se había quedado dormido! – Grito Sofía.
- ¡Perdonadme! – Dijo Jack sonrojado.
Los tres empezaron a reír.
- Y Gisela? – Pregunto Sofía.
- Se acaba de ir… es una pena Jack, os habríais llevado muy bien.
Otra vez, aquel muchacho aparecía en el sueño, mirándola fijamente, y ambos acercándose lentamente.
Comentario: Como veis ahora subiré capítulos, bastante mas largos, así que posiblemente me demore mas en ir subiendo, gracias a toda la gente que pasa y comenta, y la que no comenta también, vuestras opiniones me ayudan muchísimo enserio, espero que os guste este cuarto capitulo y que os sintáis poco a poco como en casa en el pequeño mundo de Mascariá :)
Y de nuevo, perdón por las faltas xD